Por Juan G.Andrés – Noticias de Gipuzkoa
ES un secreto el motivo que empuja a la mayoría de los cineastas actuales a elegir personajes masculinos para protagonizar sus historias de amor homosexual. Para su primer largometraje de ficción, Jon Garaño y José Mari Goenaga han ido un paso más allá y no sólo han descrito una relación entre dos mujeres -Axun y Maite, dos septuagenarias que se reencuentran 50 años después de vivir una especie de romance adolescente-, sino que la han ubicado en esa época que eufemísticamente llamamos tercera edad.
80 egunean es un hermoso relato donde las miradas de dos verosímiles actrices dicen casi más que las palabras; donde los pequeños detalles -unos pendientes, los tarros de conserva, la casita de madera rota en mil pedazos- se convierten en símbolos reveladores de una emotiva historia sobre el miedo a amar.
Contada al estilo clásico de obras como Breve encuentro (1945) -una referencia ineludible-, la cinta es certera en la descripción de ciertos ambientes sociales y familiares, y crece cuando cobra protagonismo el personaje del marido de Axun, el tercer vértice de un triángulo amoroso perfectamente representado en el bonito cartel de Iker Ayestaran.
Lo de menos es su condición de película rodada en euskera, aspecto que no debería ser considerado como un mérito adicional, pues un trabajo tan bien contado e interpretado como 80 egunean funcionaría en castellano, bable o arameo.
