80 egunean

80 egunenan

Edad prohibida

27 Maiatza, 2010 - Non sailkatua: Kritikak — unai

RICARDO ALDARONDO | Diario Vasco

Valga el título de aquel libro de Torcuato Luca de Tena sobre la adolescencia, que también se desarrollaba en San Sebastián, para evocar las dificultades y extrañezas de los primeros amores y los sentimientos que no se entienden o asimilan a la primera. No es precisamente la adolescencia la edad en la que se desarrolla este amor, sino la madurez de los 70 años. Pero hay una idea que se repite a lo largo de la película: que quizás esa madurez no implique sabiduría, que según cómo se mire, se puede seguir siendo inocente o quedarse perplejo ante las derivas de los propios sentimientos. En fin, que la vida es difícil de catalogar y predecir por mucho que se haya vivido.

Así, Axun y Maite, que fueron amigas en la adolescencia con una intensidad que entonces no podía medir, se reencuentran cuando ya tienen 70 años. Apenas se reconocen. Y junto a la identificación de los pocos rasgos que quedan del pasado, emergen afinades, sentimientos e incluso un amor que la película de los guipuzcoanos José Mari Goenaga y Jon Garaño se cuida mucho de etiquetar.

No es el inicio lo mejor de ‘80 egunean’: el primer encuentro, en un disparatado cumpleaños entre enfermos en coma, no hace prever el poso que irán cogiendo esos personajes y esas interpretaciones cocinadas a fuego lento. ‘80 egunean’ es una película de corte clásico y sencillo, que trata de imprimir normalidad a un planteamiento poco habitual en el cine: el progresivo acercamiento entre una mujer casada que vive en un caserío próximo a la ciudad, y otra mujer más abierta, y que asume su lesbianismo, pero también marcada por unas costumbres y unos tabúes frecuentes en una ciudad pequeña o un pueblo. Una relación poco convencional (llámese enamoramiento, amistad especial, o pareja imposible), con un estilo calmado y sin estridencias, previsible en algunos aspectos, pero coherente. La atracción se transforma en entrega, pero el sexo es sólo sugerido.

Rodada en buena parte en San Sebastián y alrededores, la isla de Santa Clara tiene un considerable protagonismo y no sólo como espacio geográfico: la película trata de acotar un espacio propio y único para esas dos mujeres, aunque estén inmersas en un entorno que ni siquiera puede concebir lo que está pasando entre ellas. Y en el que también entran los ‘flashbacks’ de su adolescencia. Pero también hay personajes secundarios que, en ocasiones se crecen y fortalecen mucho la historia, como el del marido, y en otras resultan bastante más forzados, como el de la hija. Como en el caso de ‘Ander’, ‘80 egunean’ realiza un acercamiento al amor homosexual en un entorno tradicional, sin caer en los peligros de esos temas que aún se consideran espinosos.

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